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A 40 años del VIH

Hace 40 años, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de EE.UU. publicaba en su boletín los primeros casos de lo que llamó una «neumonía asesina» y que luego se asociaría con la inmunodeficiencia causada por el VIH. Hoy resulta difícil hablar de un virus sin pensar en la pandemia actual. Como ahora, los comienzos del sida fueron en un contexto adverso que incluyó la falta de información y el miedo. Porque cuando no se conoce, se teme.

También entonces, el VIH tomó por sorpresa al mundo: a los Estados, que desconocían qué hacer frente a una enfermedad nueva que afectaba cada vez a más personas y cruzaba fronteras; al sistema de salud, que atendía los casos que crecían más rápido que la evidencia para prevenirlos y tratarlos; a los científicos, desafiados a buscar respuestas; a la sociedad, confrontada con sus prejuicios. Como sucede hoy, el VIH no trajo algo nuevo: fue una lente de aumento de las inequidades preexistentes. Así, lo mezquino se volvió más mezquino, lo solidario más solidario, las desigualdades más profundas.

Los inicios del VIH estuvieron signados por el estigma. Sobre todo a quienes adquirían el virus, pero también hacia quienes los atendíamos. Desde entonces, la discriminación es la principal fuerza motriz de la epidemia. Al principio se creyó que el virus afectaba sólo a los hombres que tenían sexo con hombres, mientras otros postulaban que se trataba de un castigo para quienes ejercían prácticas condenadas socialmente como el uso de drogas, el trabajo sexual o las múltiples parejas sexuales. Al mismo tiempo fallecía Rock Hudson y la mítica estrella de Hollywood mostraba lo que muchos no querían ver: que la sexualidad nos atraviesa a todos.

A poco más de un año de los primeros casos de Covid-19 contamos con vacunas que demuestran ser efectivas. En el caso del VIH tuvimos que esperar seis años para que se apruebe el AZT, la primera droga contra el virus, y nueve más para contar con lo que cambiaría el curso de la pandemia: la Terapia Antirretroviral Altamente Activa que permite suprimir la replicación del virus y convertirlo en una enfermedad crónica. Sin embargo, tanto en el caso de las vacunas para el Covid-19 como en el del tratamiento antirretroviral, las inequidades geopolíticas en el acceso golpean más fuerte a los más desprotegidos: hay países que acceden y otros que no.

Los aniversarios nos dan la oportunidad de mirar atrás y ver que es mucho el camino recorrido, que no hubiera sido posible sin la enérgica participación de activistas y organizaciones sociales que lucharon por sus derechos. Tampoco sin el compromiso de la comunidad científica que permitió que hoy las personas con VIH tengan una buena calidad y expectativa de vida similar a de  quienes no tienen el virus. Controlar la epidemia del sida no va a ser posible sin los médicos, pero quien crea que se va a controlar sólo con los médicos está muy equivocado. Necesitamos de cada uno de nosotros.

Hace 40 años fue la del VIH. Hoy es la del coronavirus. Las pandemias nos ponen a prueba todos los días. ¿Seremos capaces de aprender que la salida es colectiva? Hoy celebramos los avances y las conquistas sin perder de vista que aún buscamos la cura: la del VIH  y la del estigma. Porque ni el más fuerte de los sistemas inmunológicos resiste la discriminación. El VIH llegó hace 40 años para desafiarnos y, si algo nos enseñó, es que las crisis sanitarias nos enfrentan con una pregunta: ¿queremos ser parte del problema o ser parte de la solución?

Dr. Pedro Cahn

Director científico de Fundación Huésped.

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